Arréglate
bonito que ya viene tu amorcito.
Las relaciones destructivas de noviazgo suelen
comenzar como cuento de hadas, así que antes de profundizar en los temas de tormento,
veamos los antecedentes y pensándolo
fríamente quizá hasta el lado amable de estas situaciones.
Si hay algo común en las
relaciones enfermizas es el arranque de estas, aunque no me lo crean es el
punto clave en el que ambos se “enganchan” como se dice por ahí, regularmente los
personajes que se involucran arrastran problemas de personalidad, familiares o
de alguna otra índole, sin embargo en el
momento de cortejar, conquistar o engatusar se hace uso de una careta.
En estas relaciones, siempre
es uno quien domina y otro quien se mantiene cegado, así que quien es la
“manzana podrida” normalmente es quien cubre su realidad bajo una máscara de detalles imprescindibles, una
amabilidad que si todos llevaran a cabo el mundo sería realmente distinto,
además estos personajes también cumplen con el rol de aparentar en un principio
la aceptación total de las decisiones de su pareja así como su ideología.
El comienzo de toda ilusión
y de estas relaciones es como el inicio del semestre, llegas con todas las
ganas y la intención de sacar las mejores notas, pero no todo va viento en popa
por siempre, ya que la intención se
desvía de acuerdo a distintos intereses y aunque en un principio se demuestren
unos hábitos intachables, un olor a recién duchado y ropa impecable, esto va
cambiando conforme avanza el tiempo y la máscara se va fragmentando, por ello
en todo noviazgo sea bueno, malo o raro debe existir la autenticidad lo cual
dará el primer paso a la confianza.